Modelos de pago por servicios ecosistémicos (PSE) son una herramienta para retribuir a quienes gestionan y mejoran los bosques por los beneficios que generan para toda la sociedad: agua más limpia y disponible, captura de carbono, biodiversidad, suelo fértil o espacios de salud y ocio.
En este artículo explicamos cómo funciona, qué modelos existen y ejemplos reales a escala internacional y nacional.
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¿Qué es el pago por servicios ecosistémicos y por qué importa?
A diferencia de las normas que solo imponen obligaciones, el PSE incentiva. Es decir, un propietario o gestor forestal recibe una compensación económica por mantener o mejorar uno o varios servicios ambientales del bosque. La lógica es sencilla: mejor resultado ambiental, mejor retribución.
Servicios más habituales que se remuneran:
- Regulación hídrica: recarga de acuíferos, caudales más estables, menor erosión y turbidez.
- Captura y almacenamiento de carbono: contribución directa a la mitigación del cambio climático.
- Conservación de la biodiversidad: mejora de hábitats, conectividad ecológica y protección de especies clave.
- Protección del suelo: menos arrastres y deslizamientos, mantenimiento de la fertilidad.
- Salud y bienestar: uso público, turismo de naturaleza y educación ambiental.
En la práctica, un pago por un servicio ecosistémico no es una subvención genérica: es un acuerdo o contrato con resultados medibles (o, al menos, con prácticas verificables) que generan un beneficio ambiental adicional frente a un escenario sin el proyecto.
Modelos de pago por servicios ecosistémicos que funcionan
La fortaleza del PSE es su flexibilidad: se adapta al contexto local, a las fuentes de financiación disponibles y al tipo de relación entre quienes proveen y quienes se benefician de los servicios del bosque.
Pago directo por resultados
Consisten en transferencias monetarias directas —puntuales o periódicas— que gobiernos, instituciones públicas, empresas privadas u ONGs hacen a los propietarios o gestores forestales como recompensa por mantener o mejorar servicios concretos del bosque (como la conservación de la biodiversidad o la regulación hídrica).
Mercados de carbono (voluntarios o regulados)
Son esquemas donde la ley o el mercado impulsan compensar impactos ambientales mediante pagos por conservación, restauración forestal o captura de carbono. En general buscan vincular un coste ambiental con una acción de compensación, aunque en la práctica no siempre existe una trazabilidad clara entre el crédito adquirido y la acción concreta que lo respalda. Estos pagos pueden ser impuestos por ley (por ejemplo, obligaciones de reforestación) o realizados voluntariamente en mercados de emisiones de carbono.
Certificación y etiquetado
La certificación y el etiquetado no son pagos por servicios ecosistémicos en sentido estricto, pero funcionan como mecanismos de mercado que pueden complementarlos. Estos sistemas premian la gestión forestal responsable y la provisión de servicios ecosistémicos otorgando certificados reconocidos (FSC, PEFC) o etiquetas ecológicas, que aumentan el valor añadido del producto. El mercado y algunos consumidores pagan un sobreprecio por productos certificados, incentivando prácticas sostenibles y la conservación de servicios como la biodiversidad o la calidad del agua. También se vinculan con los pagos directos por resultados, ya que garantizan el cumplimiento con los objetivos y su pertenencia en el tiempo.
Estos modelos requieren valorar adecuadamente los servicios provistos (estimando su impacto real en bienestar social y ambiental) y establecer mecanismos claros y transparentes para verificar el cumplimiento de los acuerdos y el buen uso de los fondos. El monitoreo periódico, la auditoría independiente y la participación transparente de agentes locales son clave para garantizar la confianza social y la efectividad en la conservación de los recursos forestales.
Experiencias internacionales: modelos inspiradores de modelos de pago por servicios ecosistémicos
Costa Rica es el ejemplo más citado de éxito mundial: su programa nacional de PSA inició en los años 90 y ha sido clave para revertir la deforestación, financiando pagos a propietarios por conservación, reforestación y manejo sostenible gracias a un pequeño impuesto sobre combustibles fósiles. El resultado: más de un millón de hectáreas bajo protección y beneficios directos a comunidades rurales.
En Ecuador, el Fondo Nacional del Agua (FONAG) ha articulado a empresas, ciudadanos y propietarios forestales para garantizar el suministro de agua de calidad a Quito, logrando financiación estable y conservación efectiva en cuencas clave.
Bajo el modelo REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques), varios países tropicales mantienen incentivos financiados por la cooperación internacional para salvaguardar sus bosques y vender “créditos de carbono” en el mercado global, mostrando cómo se puede remunerar la protección del bosque y contribuir a la lucha contra el cambio climático.
Romagna Acque es un consorcio público que gestiona recursos hídricos en la zona noreste de Italia y puso en marcha un programa pionero para conservar cuencas forestales críticas cuya degradación afecta a la calidad y volumen del agua potable.
Un estudio mostró que determinadas prácticas forestales reducían la erosión en aproximadamente 10.000 m³ anuales (desde alrededor de 42.000 m³). Basándose en este conocimiento, se establecieron pagos iniciales de unos 200 €/ha a los propietarios forestales para incentivar estas prácticas, que luego se ajustaron a unos 100 €/ha. Estos pagos representan entre un 3% y 7% de la facturación vinculada al agua en la zona.
Ejemplos a nivel nacional y provincial de modelos de pago por servicios ecosistémicos
España ya cuenta con algunos programas de PSE, sobre todo vinculados a la gestión sostenible del agua, la repoblación forestal y la conservación de biodiversidad en parques y reservas.
Programa de PSA en Gerona
Desde 2008, la provincia de Gerona implementa un programa de Pago por Servicios Ambientales que recompensa a propietarios forestales privados y municipales por conservar rodales maduros de bosque que no han sido intervenidos durante al menos 30 años. El objetivo central es promover la biodiversidad manteniendo ecosistemas forestales en procesos naturales sin gestión activa.
Los pagos compensan a los propietarios por la pérdida de ingresos potenciales que supone dejar evolucionar estos rodales sin aprovechamiento, y se calculan conforme a un plan de gestión aprobado. La financiación proviene tanto del presupuesto provincial como de donaciones privadas, combinando recursos públicos y privados para incrementar su sostenibilidad. Este esquema ejemplifica cómo en España se puede apoyar la conservación de valores naturales específicos mediante incentivos económicos directos a los gestores locales.
Ejemplos en Cuenca
En Castilla-La Mancha, estudios recientes han calculado el valor generado por los servicios ecosistémicos y propuesto esquemas de pago voluntario superiores a 49 €/ha para quienes gestionan sus montes bajo prácticas responsables y certificadas. Además, el valor del almacenamiento de carbono en la región supera los 74 millones de euros anuales.
En la provincia de Cuenca, la bioeconomía forestal se está potenciando desde iniciativas como UFIL (Urban Forest Innovation Lab), donde promovemos el emprendimiento, la innovación y la gestión sostenible de los recursos forestales.
Empresas locales como Dendron Soluciones acompañan a propietarios y comunidades rurales para maximizar la rentabilidad de los montes y fortalecer la conservación.
Otras, como Geforest o Cambium, trabajan en la valorización de servicios ambientales, la certificación forestal y el cálculo de la huella de carbono.
Estas iniciativas muestran cómo diferentes modelos de pago por servicios ecosistémicos pueden ser una oportunidad real de desarrollo rural y bioeconomía en la zona.
Oportunidades del PSE en los bosques mediterráneos
Los bosques mediterráneos ocupan 73 millones de hectáreas (aproximadamente el 8,5% de la superficie terrestre de la región). Junto a los productos maderables, aportan corcho, setas, piñones y múltiples funciones críticas para agua, clima y calidad de vida. Son esenciales para proteger cuencas, regular caudales y evitar la erosión, servicios vitales en Cuenca y su entorno.
La otra cara es su vulnerabilidad: clima extremo, presiones históricas e incendios recurrentes. El cambio climático eleva temperaturas y agrava el déficit hídrico: en el área mediterránea se registran alrededor de 50.000 incendios anuales con unas 500.000 ha quemadas.
En este contexto, el PSE puede marcar la diferencia:
- Incentivando la gestión adaptativa. En zonas donde la baja rentabilidad lleva al abandono, el PSE puede hacer viable mantener una gestión activa, frenando la desertificación y rebajando el riesgo de incendio a través de mosaicos forestales, pastoreo dirigido o selvicultura preventiva.
- Frenando la conversión a usos intensivos. Los pagos por servicios ecosistémicos incrementan el atractivo de conservar el bosque frente a alternativas agrícolas intensivas, ayudando a frenar la pérdida de suelo y biodiversidad.
- Desarrollo rural y bioeconomía. El PSE contribuye a la creación de empleo y valor junto con empresas locales, impulsando la innovación en sectores como el ecoturismo, la apicultura o la planificación medioambiental.
Del concepto a los resultados
En el contexto mediterráneo y particularmente en Cuenca, los modelos de pago por servicios ecosistémicos representan una herramienta de alto potencial para alinear producción forestal, conservación y desarrollo rural.
Si se focalizan en la gestión adaptativa, la prevención de incendios y la eficiencia hídrica, pueden convertirse en el motor de una verdadera bioeconomía local, siempre que se apoyen en prácticas medibles, coordinación eficaz y costes de gestión asequibles.
Impulsar este modelo es apostar por el futuro: cada hectárea bien gestionada multiplica valor para toda la sociedad—no solo en madera, sino en agua, aire limpio y paisajes resilientes






