La provincia de Cuenca se ha convertido en un laboratorio vivo donde el bosque deja de ser un paisaje para convertirse en un motor económico. En un contexto marcado por la despoblación rural, el emprendimiento en bioeconomía forestalestá emergiendo como una vía realista para recuperar actividad, atraer talento y generar nuevas oportunidades. Para entender qué está ocurriendo en el territorio y por qué Cuenca está ganando relevancia en este sector, hemos hablado con César Sánchez Meléndez, coordinador de UFIL dentro de la Universidad de Castilla-La Mancha y vicerrector de Cultura, Deporte y Compromiso Social.
Durante los últimos seis años, el Urban Forest Innovation Lab (UFIL) ha acompañado a decenas de emprendedores, ha creado un ecosistema profesional sin precedentes y ha demostrado que la bioeconomía forestal puede convertirse en un motor transformador para la provincia. Como explica Sánchez, “preservar el bosque y generar desarrollo socioeconómico no son caminos opuestos, sino dos caras de la misma estrategia”. Hoy, con cambios legislativos en marcha y un interés creciente por los servicios ecosistémicos, el proyecto encara una nueva etapa de consolidación y expansión.
Bioeconomía forestal: Un modelo que une desarrollo y conservación
Para Sánchez, la noción de bioeconomía forestal es tan sencilla como exigente. No basta con usar el recurso forestal: “Hablamos de un crecimiento económico asociado a un crecimiento social y, al mismo tiempo, a una preservación ambiental”. Solo si se cumplen esas tres condiciones puede hablarse de un verdadero modelo de bioeconomía.
Esta perspectiva es especialmente relevante en Castilla-La Mancha, ya que casi la mitad de su superficie está cubierto por monte. El bosque, explica el coordinador de UFIL, “está llamado a ser un recurso utilizable de forma prioritaria en los próximos años”, tanto por sus usos tradicionales como por la aparición de nuevos nichos relacionados con la sostenibilidad, el turismo o la valorización de los servicios ecosistémicos.
En este contexto, Cuenca ocupa un lugar estratégico. Su enorme masa forestal —una de las más extensas de la Unión Europea— convive con un entorno rural que busca reactivarse económica y demográficamente. Allí es donde la bioeconomía forestal y el emprendimiento encuentran un territorio fértil.
Del recurso natural a la oportunidad empresarial
Cuando UFIL comenzó en 2019, su primera tarea fue identificar las posibilidades reales de negocio asociadas al bosque conquense. El análisis dio como resultado doce nichos de emprendimiento, que siguen funcionando como base conceptual en el programa.
La clave estuvo en ampliar la mirada. Sánchez recuerda que, hasta hace apenas unos años, “la gestión y aprovechamiento del bosque se entendía casi exclusivamente a través de la madera”. Hoy, en cambio, el abanico es mucho más amplio. Entre las principales oportunidades señala:
- Gestión forestal sostenible con apoyo tecnológico.
- Aprovechamiento de productos no madereros, desde setas hasta resinas o plantas aromáticas.
- Turismo vinculado a la naturaleza y a la cultura forestal.
- Servicios ecosistémicos, un ámbito en plena expansión gracias a su valor en biodiversidad, captura de carbono o calidad del agua.
Este diagnóstico sentó las bases para un programa que no solo detecta oportunidades, sino que impulsa la creación de empresas sólidas vinculadas al territorio.

Seis años de impulso emprendedor: 80 ideas, 22 empresas y un ecosistema pionero
UFIL ha funcionado desde su inicio como un espacio de experimentación. Las primeras ediciones probaban distintos métodos de incubación y duración. Con el tiempo, el proyecto evolucionó hacia un modelo más ejecutivo y centrado: cuatro meses intensivos de acompañamiento profesional, donde las personas emprendedoras trabajan directamente sobre su idea inicial.
Los resultados hablan por sí mismos:
80 ideas de negocio generadas y 22 empresas establecidas en Cuenca, muchas de ellas impulsadas por perfiles jóvenes que han encontrado un nicho innovador en la bioeconomía forestal.
Para Sánchez, uno de los grandes logros del proyecto no son solo las empresas creadas, sino el entorno que las sustenta: “UFIL ha conseguido generar un ecosistema en el que todo el mundo puede encontrarse y hablar de necesidades, inquietudes y barreras del sector”. Este ecosistema incluye mentores especializados, un laboratorio de innovación para prototipos, administraciones locales, inversores potenciales y una red creciente de empresas que ya actúan como referentes para nuevos emprendedores.
La presencia de estos referentes resulta clave. Cuando UFIL comenzó, apenas había ejemplos cercanos de emprendimiento forestal. “Una de las grandes barreras era la falta de modelos en los que mirarse”, recuerda. Hoy, las empresas surgidas del programa funcionan como prescriptoras reales, demostrando que es posible emprender en un entorno rural y generar innovación vinculada al bosque.
Los frenos que aún enfrenta el emprendimiento rural
A pesar de los avances, emprender en un territorio rural sigue siendo un desafío. La despoblación continúa marcando el contexto, aunque UFIL trabaja para convertir ese problema en una oportunidad. “Convencer a la gente de que puede arraigar su proyecto en el territorio es parte del trabajo”, señala Sánchez.
La financiación es otro de los puntos críticos. Algunos modelos de negocio requieren inversiones iniciales elevadas, y UFIL actúa como puente hacia administraciones e inversores privados capaces de aportar el primer impulso.
A ello se suma la complejidad normativa y el acceso a la propiedad forestal, aunque el panorama empieza a cambiar. Según el coordinador del proyecto, “este año se están produciendo cambios legislativos que pueden posicionar muy bien el sector de la bioeconomía forestal en España”, abriendo nuevas oportunidades para emprendedores y gestores.
El siguiente paso: una red que una territorio y talento
Desde sus inicios en 2019, UFIL ha pasado de ser una apuesta experimental a convertirse en una referencia nacional. Cada año atrae a personas emprendedoras, administraciones y proyectos que viajan a Cuenca para conocer de primera mano su modelo de trabajo.
Una de las grandes apuestas de UFIL para los próximos años es el desarrollo de una plataforma digital de bioeconomía forestal que permita visualizar quién puede ofrecer entornos forestales para proyectos y quién está interesado en invertir o emprender en ellos. Su objetivo es claro: crear un espacio donde se produzca el encuentro entre propiedad forestal, necesidades del territorio y talento emprendedor.
“Si conseguimos poner todo esto en marcha, estaremos trayendo el futuro al presente”, afirma Sánchez, convencido de que el know-how acumulado en estos años sitúa a Cuenca en el mapa nacional e internacional del emprendimiento verde.
El próximo 18 de diciembre por la mañana tendrá lugar el evento de cierre del proyecto UFIL, que incluirá la entrega de premios a los mejores proyectos emprendedores incubados en el laboratorio durante los últimos dos años. El acto está abierto al público y dirigido a todas aquellas personas interesadas en conocer el impacto del programa y las iniciativas surgidas en su seno.






